El Puma Indomable (L. Luna)
 
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VILCAPAZA por J.J. VEGA
La rebelión de Vilcapaza (F. Turpo)
El Puma Indomable (L. Luna)
El Puma Indomable (G. Sumarriva)
Choquehuanca habla de Vilcapaza
"LA GESTA DE PEDRO VILCA APAZA"
El Sino del Rebelde
El Puma Indomable (L. Luna)

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Texto completo del polémico libro de Lizandro Luna La Rosa, publicado en Arequipa en 1944, primera obra que rescata casi del anonimato a este ínclico héroe, escrito con gran pasion y un lenguaje poético sublimes y que rescatamos ahora para las nuevas generaciones...
Te recomendamos su lectura.
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CONTENIDO:
Pórtico - El Momento Histórico - Tupac Amaru - Azangaro Feudal - Azángaro foco igneo de rebeldía - El Puma Indomable - El Choque - Un Romance - Azángaro, Centro directriz de la sublevación - Putislaka . Aswan Karu - Perfidia y traición realistas - Mitos y Totems . SULLKA - Ejecución de Vilcapaza - La Cabeza del Puma - Inampu - Signum - Colofon.
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PÓRTICO
La personalidad de un pueblo se mide por su pasado histórico o, en otros términos. Por su grandeza pretérita. Se mide también por su contribución a las grandes causas de la Libertad y la Justicia. Y paralelamente por sus hombres representativos. Tradición e historia son en los pueblos lo que la biografía en los hombres: un exponente de selección. .
Desde su tradición heroica hasta sus leyendas románticas Azángaro tiene contornos apasionantes y figuras cimeras que se destacan como hitos megoliticos en el panorama de su historia. Algunas tienen perfiles de cumbre. Otros alcanzan estatura. ya en las letras, las armas o la política. No las enumeraremos porque no es este el sitio apropiado para hacerlo. Eso pertenece él lo monografía.
Más lejos de los lejos, "Aswan karu" en el idioma vernáculo, Azángaro es el roquedal enhiesto donde nace aquel Puma Indomable que sacude lo conciencia de su pueblo y lega un ejemplo másculo de altivez, virilidad y patriotismo en la épica gesta libertaria de 178O. Es también el risco bravío donde nace aquel Cóndor andino del pensamiento que, en un vuelo audaz, salta del anónimo a la fama con su magnífica arenga al Libertador al píe del histórico peñón de Pukará.
El Congreso peruano, por ley de 18 de Abril de 1828, le concede a Azángaro el honroso título de Heroico Pueblo de Vilca Apaza. Este mulo es blasón. Hace justicia a este pueblo. Le reconoce su magnífico aporte al movimiento social de mayor envergadura que tuvo la Emancipación Americana de 1789. Pero este aporte no esta debidamente mencionado por la historia. Es casi desconocida la participación sobresaliente de este pueblo en aquella gesta libertaria que tuvo en esta tierra bravía su epílogo sangriento. Aún no se conoce la actuación. trayectoria y martirio del indio Rebelde que se llamó Pedro Vilma Alaza. Estas páginas aspiran llenar ese vacío. Son un bosquejo rápido y sintético de la figura señera y la trayectoria meteórica de este caudillo. Son una exaltación. Pero hemos cuidado de hace sus relieves iluminándolos con los proyectores de la verdad histórica. Si la historia de un pueblo es la biografía de sus grandes hombres, según Carlyle, no creemos que Vilca Apaza por el hecho de ser un caudillo indio, no merezca la exaltación de la historia. Junto a las figuras próceres Túpac Amaru, de Pumakawa, Túpac Catari, en las luchas por la Libertad; junto a las figuras excelsas de Juan Medrano, "El Lunajero» Gracilazo de la Vega y José Domingo Choquehuanca, en el campo de las letras y el pensamiento, este caudillo forma parte de la constelación de Indios Inmortales que ya tiene un sitial de honor en la historia. Este ensayo primigenio, y como tal seguramente imperfecto no cumpliría su misión si fuera una mera narración sustancial del hecho histórico que es su tema. No estaría a la altura de este tiempo explosivo, en que se juega el destino del mundo, si no hubiéramos puesto en sus páginas la sinceridad y el calor de nuestra verdad. Y es que creemos que al imponerse una misión como ésta. Es un deber ineludible seguir el imperativo consejo de Nietzsche "Di tu palabra y rómpete". Lo hemos seguido. Hemos puesto nuestra palabra verdad y rotundidad de proyectil.
No importa la polvareda que ella levante al hacer blanco en algunas viejas armazones feudales que aún subsisten
Arcaicos rezagos de la Colonia. No importa que de aldea la muerda. Esa crítica está ahíta de imbecilidad y suficiencia presuntuosa. Su mordedura no hace que su veneno es como el del sapo. Hemos cumplido nuestra misión. No escribimos con agua bendita. Nos esforzamos por hacerlo con tinta de ideas másculas y con vitaminas de pensamiento moderno. La hora es de definición. El momento es de prueba, de lucha. de beligerancia.
En el crepúsculo de una Guerra de dimensiones cósmicas que asola el mundo. En es la. Hora de génesis, grávida de esperanzas, cuando de los escombros humeantes de los pueblos desvastados por la vorágine sangrienta más grande de todos los tiempos, ya se vislumbra la aurora de un Mundo Nuevo de Libertad y Justicia. Hemos querido erigir la figura de un Caudillo. La parte crítica de este ensayo constituye los cimientos de nuestra obra. forma el plinto del monumento de granito que hemos erigido a Vilca Apaza. el Caudillo de Azángaro en la revolución de 1780.
Seguramente esta obra no es perfecta. Está en bruto. La hemos tallado en roca. De este, mismo material fue la contextura espiritual de este rebelde que, con Túpac Amaru. Fueron los precursores de la Emancipación de América. Y como tales merecen la inmortalidad del granito porque, como nuestros libertadores de 1821, éstos también lucharon por legamos Patria y Libertad.
Pasando bajo este Pórtico, y a cuatro capítulos de distancia, se alza, sobre su pedestal de siglos. el monolito de Vilca Apaza a través de la vigorosa, interpretación que hemos hecho del Caudillo. Estamos en la entrada. Adelante, lector.
EL MOMENTO HISTORICO
Tres siglos de opresión, con su influencia letal. Pensaban como tres montañas de plomo sobre el cadáver del imperio. Bajo aquel peso enorme habían ido desapareciendo las obras admirables del lnkario logradas en largos siglos de paciente labor. La conquista fue como un cataclis¬mo para aquella organización. Destruyó la sociedad indí¬gena y su economía. Trajo por tierra el maravilloso y armónico sistema Comunista de gobierno. Pueblos íntegros fueron diezmados. Desaparecieron sus magníficas obras de irrigación, Sus acueductos. Sus caminos espléndidos, sus edificios seculares. De todo esto quedaron ruinas. El capital humano también iba disminuyendo. De once millones de habitantes, con que contaba el Imperio antes de la conquista, se habían reducido a menos de cinco en aquellas fatídicas tres centurias. Pavorosa proporción. Marchando a aquel ritmo la despoblación sería total. Este hecho, da la medida de la obra destructora de la Conquista debido al bárbaro sistema de gobierno impuesto a los pueblos sojuzgados.
Del Imperio floreciente de ayer solo quedaban vestigios y escombros. Reinaba entre ellos un silencio de necrópolis. El dolor la angustia, cerraban sus férreas tenazas en torno a la sufrida raza. Pero esta soportaba en silencio su martirio. Parecía de bronce, Resistió estoicamente. Ni uno quejo. Ni un alarido de protesto. Sus reacciones violentas habían sido ahogadas en sangre desde la rebelión de Manco II en 1535. El Perú estaba sumido en una inmovilidad cataléptica. en un ¬letargo mortal. El régimen colonial parecía. haberse impuesto definitivamente.
En rápido bosquejo enfocamos lo situación. Los indios marchaban en rebaño a ser devorados entre las fauces voraces de lo mita, los obrajes. Los cañaverales. las encomiendas. Eran estos centros de bárbara e inhumana explotación. Verdaderos infiernos dantescos. Ahí entraban los indios por millones, en racimos humanos impresionantes, la mayoría no volvió a salir. Quedaban sus cenizos. Huesos calcina¬dos, sangre y lágrimas, eran el combustible de aquellas ho¬gueras gigantescas. Es que el hombre había perdido su con¬dición de persona. Estaba convertido en animal de sufri¬miento. Había descendido al plano de lo bestia de carga. Estaba en la misma categoría del perro o del gato ante el criterio despótico del amo. El que nada tenia pagaba con su persona el delito de vivir. El que era yanacona de nacimiento se consideraba como siervo. De hecho perteneció al dueño de la tierra donde había visto lo luz. Y era irredimible. Si era hijo de la comunidad. el mal era mucho peor; llevaba desde antes de nacer la marco infamante del esclavo. El casado no estaba seguro de su compañera de infortunio. Estaba a merced de lo violencia, de la extorsión brutal erigidas en ley Carne de esclavitud, para esta sufrida raza no había más ley que la voluntad despótica del amo ni más juez que el látigo del capataz, Era paria en su propia tierra. Nada le pertenecía.
Potosí, Huamanga, Huancavelica., grandes centros mineros, abrían sus socavones insaciables que iban tragándose rebaños íntegros de infelices parias enganchados en el trágico horror de las mitas. En cambio de estas hecatombes silenciosas salían ríos de plata y metales nobles para enriquecer a la coro¬na de España y la Corte con su enfatuada nobleza decadente. sus corregidores sanguinarios. sus caciques pulpos. El Perú estaba convertido en un feudo inmenso. Los obrajes, verdaderos martillos pilones de la raza, devolvían el sudor, las lágrimas y la sangre de los indios, convertidos en pesos de oro. los cañaverales. Los cocales de las tierras calientes, cooperaban a la obra exterminadora de hombres con sus fiebres mortíferas y sus enfermedades incurables. Hasta el habitante de la puna y la cordillera llegaba el aire envenenado de aquella es¬clavitud colectiva. Si era pastor. los descuentos inicuos por ganado "muerto o extraviado; el hambre, las privaciones, lo mantenían atado por toda su vida como una bestia a la noria. Destino cruel. A lo postre el paria tenía que rendir su tributo a la tierra.
"De Potosí salían diariamente quintales de plata rumbo él los bergantines. camino de España. En sus minas trabajaban miles de indios "mitayos" bajo el látigo del capataz. No importa que la muerte los trague a cado minuto. Por eso mismo el español ha establecido la "mita", servicio obligatorio y gratuito. Más tarde se elevará una voz en favor de los indios: lo del Padre Las Casas. pero ya han muerto cuatro millones en la ruda faena. Potosí ha enriquecido a la Corona, sus fiestas fueron tan suntuosas que quedan en el recuerdo de los cronistas. Por el mundo corre lo fama de su po¬derío y todavía hasta hoy la leyenda repite con asombro: ¡tan rico como un Potosí"! (1) Trisíen Maref. La Tragedia del Altiplano.)
En nombre de la Religión, la Ley, en nombre del poder omnipotente de la fuerza, estas injusticias seculares llegaron al colmo. Este fue el repartimiento forzoso de los corregido¬res. Constituía éste en repartir por medio de la fuerza objetos y mercaderías inservibles, como barajas. chuchearías. objetos averiados. entre los indios, para que fuesen pagados religiosamente con sus tierras o bienes, con su trabajo y el de sus familiares. En Acora un corregidor impuso a un indio rico, por la suma de cien pesos un naipe, era un Rey de bastos. como objeto valiosísimo. El indio. en su ignorancia. legó a su muerte a la iglesia de su pueblo el famoso naipe, da testimonio de este hecho el escritor Basadre que llegó a conocer este naipe y a la persona que lo poseía.
Ten inicua explotación iba a enriquecer, en progresión geométrica, las arcas de les famosos corregidores, especie de gamonales políticos de estos tiempos, que gobernaban sin más ley que su despótico voluntad y desenfrenada ambición. Este funcionario colonial ero para el indio un verdadero azote y según un historiador, nada había para el indio más y más odioso que este señor, prácticamente dueño absoluto de esta provincia.»
Estos extremos a que había llegado lo injusticia y la extorsión arrancó un ¡ay! de dolor a la raza oprimida. Pero esa queja se perdió en el silencio. La acalló la carcajada cínica de los tiranos. las compadrerías de los áulicos. el favoritismo de los poderosos La Corte, opiotizada por sus vicios, mareada por la algarabía y la adulación de sus lacayos y bufones, era sorda y muda ante el clamor de la raza sojuzgada. El, eterno papeleo de los informes la marcha lenta y desesperante en la tramitación de los expedientes. Constituían ridículos e irónicos paliativos ante males tan tremendos que iban minando con su cáncer implacable el corroído organismo de le colonia.
Entre tanto la orgía de sangre seguía alimentando sus eras dantescas. Sobre aquel panorama de pesadilla, sobre aquel cuadro de alucinación. allá en lo alto del Koricancha no flameaba corno en otros tiempos la bandera secular de los Emperadores. Se había arriado silenciosamente en su mástil. Un negro crespón funerario habíalo reemplazado al Inti, el dulce Dios del Inkario, ya no alumbraba como antes con sus rayos esplendentes. Reflejaba ahora una luz lívida y espectral sobre ese panorama de cementerio en que aviase convertido aquel imperio floreciente que se derrumbó como un castillo de naipes ante el golpe traidor de un puñado de aventureros españoles la tarde trágica de Cajamarca.
TUPAC AMARU
En las postrimerías de un siglo de oscurantismo y esclavitud resuene, esta voz de apóstol social predicando la reivindicación de su raza explotada y envilecida. Adelantándose a la Revolución francesa que proclamó los derechos del Hombre, enarbola la bandera de la Justicia Social aboliendo los tributos. la mita. los repartos forzosos y todas las for¬mas de la esclavitud. Sus proclamas rebeldes inspiradas en los postulados, de la Justicia Social. avien15n. como vorágine tempestuosa, por todos los ámbitos de América la roja semilla de la rebelión. Esta geminó magnífica. Se extendió como un incendio. El poderío español se inflamó. El e¬jército indio que no tiene más armas que su coraje y odio al explorador se estrella contra los ejércitos españoles perfectamente armados y disciplinados. Pero es como el oleaje. de un mar empobrecido que estrelló contra las rocas.
En aquella vorágine de destrucción paulatina de un pueblo a que había legado el sistema colonial sobrevino un fenómeno sociológico: la reacción de las masas explotadas. Lenta pero segura y progresivo lo rebelión se iba gestando en el Sar. Esta parte del Virreynato era un volcán que amenazaba erupcionar. Corría 1780. Como un movimiento sísmico que viniese de focos lejanos la insurrección comenzó, él manifestarse en diferentes puntos del extenso Virreynato.
De pronto un estremeciendo sacudió las vértebras de los Andes. Había estallado Ia tempestad. Era un formidable sacudimiento social que estremeció a América. El poderío español se tambaleó como un árbol sacudido por el vendaval y surge la figura revolucionaria de José Gabriel Condorcanqui. En sus rudas manos sostiene la roja enseña de la rebelión. Fiel a su apellido simbólico viene a cumplir un mandato de sus ancestros los lnkas. Viene a libertar 5 su raza. Personifica la liberación. Condorcanqui significa "eres Cóndor". Este nombre es casi como un lema de batalla, Desciende del linaje inkaico de los Túpac Amaru. Es su legítimo sucesor en prosapia, derechos y real estirpe. Túpac Amaru significa serpiente de fuego. Este nombre de batalla explica la costumbre tradicional de los Inkas de designar a los conductores de pueblos y a los guerreros con nombres de animales salvajes que infunden terror. Amaru es el nombre de la serpiente totémica muy conocida en el inkario.
Túpac Amaru es. pues el Cóndor andino que, enarbolando los postulados de una Justicia social sobre la bese de la liberación de su raza, enciende la chispa revolucionaria. Desde diez atrás la prepara pacientemente. El 4 de Noviembre de 1870 estalla la rebelión. Crece como un alud, Arrolla como una avalancha. Su trayectoria es meteórica y fulminante. Engendrado por el odio racial, producto de un fenómeno social. este movimiento carece de la luz serena de una dirección inteligente que encauce la gran fuerza destructora que tiene en potencia. Es fuerza ciega desatada. Por eso en su misma violencia se anida el fracaso. Como un fenómeno sísmico siembra la destrucción y la muerte; pero no canaliza su ímpetu avasallador y potencia destructora. No puede destruir rápidamente su objetivo y deja que la reacción tome cuerpo y la venza.
Este movimiento revolucionario de las masas indígenas es un desencadenamiento de odios y venganza comprimidos violentamente durante tres siglos de opresión y violencia. Rata la resistencia de la raza desbordarse por todo el Alto Perú y el Altiplano. Abarcando una extensión de más de trescientas leguas llegando hasta el Tucumán. En la Argentina. Fuerza ciega desatada desencadena una vorágine de horrores y sangre que deshonra la causa libertaria que la había originado.
Las huestes sedientas de sangre y venganza lleguen a extremos increíbles. Son un vendaval que arrasa todo ti su paso. Cargan cuantiosos botines. He aquí algunas escenas de sangre. En Caracoto la sangre de los españoles y mestizos muertos en el choque con los indios, llegó hasta la altura de los tobillos de los degolladores. En Tapacari la crueldad de estos fue hasta el sadismo. No reparó en sexo ni edad y hasta obligó a los padres a victimar a sus propios hijos. En Palca una india de la hueste revolucionaria, enarbolando mía hostia consagrada, recorrió las calles gritando: «miren el engaño de estos pícaros; esta torta la hizo el sacristán con la harina que yo traje del valle y quieren hacernos creer que en ella está Dios sacramentado." (1) Estos detalles revelan los extremos o que llegaron les indios en su sed de venganza y de odio. No respetan ni lo más sagrado. Ni los símbolos de la religión que les impuso Ia conquista. Estos extremos. Como es lógico, exaltaron a las castas en contra de la revolución. A su paso por los corregimientos. tras las huestes victoriosas, iba creciendo lenta pero segura una sorda resistencia. Como una marea surgía la contrarrevolución. Sus efectos no lardaron en dejarse sentir.
La revolución de Túpac Amaru es el sacudimiento socia más grane de América Lo descrie le historia en todos sus detalles. No es lo índole de este trabajo ocuparnos de ella. Nuestro objetivo es historiar la repercusión que lleva esta revolución en el Kollao. Particularmente en Azángaro. Los hechos de armas que se realizaron después del desastre de Tinta, son más importantes que los anteriores. El foco ígneo del movimiento se desplaza al Kollao abarcando una parte considerable del Perú y el Altiplano boliviano. Aquello tiene su epílogo aquel grandioso movimiento con ejecución de los caudillos que sucedieron al ínclito Túpac Amaru. Desaparecida el alma del movimiento éste comienza a declinar, la falta una dirección inteligente. Los errores imperdonables de la campaña culminan en la caída del Caudillo. Traicionado, por sus mismos jefes es apresado en el pueblo de Langui. La Quinta Columna, antigua como el mundo y que actuó en todo las guerras, le tiende una trampa artera. Túpac Amaru paga con su sangre generosa y lo de sus hijos y familiares, el ansia sublime de Libertad y Justicia. Su martirio refinado y cruel solo puede tener paralelo en el martirologio de los primeros cristianos bajo el Imperio Romano. Soporta con estoicismo espartano su terrorífica ejecución despreciando a sus inhumanos verdugos. Su inkarial altivez y presencia de ánimo admirables las mantiene hasta el postrer suspiro. Aureolado por su heroísmo y martirio inenarrable la figura de este indio Subli¬me crece a medida que pasan los siglos como el símbolo de las aspiraciones y ansias de Libertad de la América indígena de todos los tiempos.
En torno a la figura señera del Gran Caudillo hirvieron la calumnia y el odio del español tratando de mancharlo con su inmundicia. Pero esto no podrá empañar nunca su gloria inmarcesible. Túpac Amaru es el Máximo héroe indígena. El símbolo de la libertad del Perú indio. El precursor del más grande movimiento social peruano.
AZANGARO FEUDAL
En el centro del vasto y enigmático Kollasuyo. Azángaro fue en la colonia la tierra donde el feudalismo había echado profundas raíces. Varios factores influyen en este fenómeno. Entre estos sus riquezas naturales y las inmejorables condiciones de su suelo para las dos grandes formas de la riqueza la agricultura y la ganadería. Como sucedió en lodo el Perú. el feudalismo fuese infiltrando mediante el lento proceso de absorción de la comunidad por el latifundio y la pequeña propiedad. De aquí arranca la explotación feudal sobre los dos factores de la producción: la tierra y el Indio. Esta explotación y la servidumbre del indio llegaron a extremos que ocasionaron lo rebelión de éste. De ahí arranca el viejo problema del indio.
En 1780 Azángaro es un océano empobrecido de masas indias que rumian en silencio sus cóleras impotentes sus do¬lores y angustias. bajo la férula brutal de los explotadores hispanos-mestizos. Como islotes sobre aquel mar turbulento, caciques de rancio abolengo inkaico, leales vasallos y servidores del Rey. explotan sus respectivos rebaños. Dueños de extensas tierras, amos y señores absolutos del capital humano que vive en ellas, cifraban todo su orgullo en ostentar sendos títulos nobiliarios, distinciones honoríficas, como Escudos de Armas. y hasta marquesados, que les otorgaba el Virrey en recompensa él su fidelidad y adhesión a los Monarcas Católicos de España.
El corregimiento de Azángaro tenía cuarenta y seis caciques dueños de la tierra y el capital humano. En una superficie de dos mil novecientos cinco kilómetros que aproximadamente tiene esta provincia, el latifundismo había absorbido más de las dos terceras partes. Esto da una medida del feudalismo en la región. Sobre aquel extenso y rico feudo el Corre¬gidor, funcionario español representativo y símbolo del gobierno colonial era el mandón brutal y absoluto sin más ley que su arbitraria y omnímoda voluntad. Los tributos por cabeza, los obrajes. las mitas, los repartos forzosos, pesaban sobre las espaldas de aquella masa sufrido y paciente que soportaba en silencio las crueldades y exacciones de aquel bárbaro sistema de Gobierno.
La sublevación sorprendió a Azángaro en pleno apogeo del feudalismo. En las masas germinaba ya la rebelión en forma progresiva. Parcialidades y latifundios eran almácigos donde ideas subversivas estaban agitando las conciencias dormidas. Por otro Iado la fuerza del caciquismo terrateniente extremaba sus medidas de precaución tratando. de contrarrestar el sacudimiento social que ya se sentía venir. Se aproximaba la gesta redentora como una Némesis de sangre. El cacique y el cura eran los directores de la vida provinciana en aquella época. Constituían dos fuerzas retardatarias y representativas de la colonia con sus taras de pereza de inacción y de servidumbre. El cacique simboliza la opresión. la fuerza. El cura es el colaborador el aliado que predica la obediencia y la sumisión al señor feudal embrutecien¬do a las masas con el opio de la religión. Dos grupos sociales y antagónicos se perfilan en aquella lucha: los explotadores y los explotados, En los primeros están los casiques Y. terratenientes que luchan por mantener su posición social y económica a toda costa aliándose con las fuerzas del rea¬lismo. Los segundos, la gran mayoría del Perú, iban a lo lucha por liberarse de la esclavitud, por reivindicar sus derechos hollados por el caciquismo. En Iodos sus luchas el indio siempre ha perseguido la tierra, el patrimonio de sus mayores: en una palabra, la conquista agraria. La génesis de este movimiento insurgente fue, pues, netamente económica cesada. Fue el primer intento formal del indio en América para reivindicar 5US propios intereses por sí mismo sin la intervención ni la ayuda de blancos ni mestizos. Fue el movimiento social de mayor envergadura y que ocupa el primer plano entre los sucesos revolucionarios de América. He ahí su mérito singular.
A Azángaro tocóle ser el teatro del epílogo de esta formidable insurrección. Consecuencia de ello fue que quedó aquí la roja semilla de las reivindicaciones sociales del indio y que más farde se tradujo en esas explosiones de rebeldía que siempre fueron rubricadas con sangre. Quedó también un foco ígneo de rebeldías como se comprobará más adelante.
En aquellos días precursores de la insurrección Azángaro es un feudo inmenso sometido al Gobierno Colonial formado por caciques, mandones y terratenientes que constituían una fuerza apreciable para la causa realista. Estaba formado por cuatro grandes parcialidades donde estaban los principales cacicazgos. Eran los siguientes: al Norte "Choqqemorocco controlada entre otros por los caciques Musu Mallco. Al Sur Choqqe-Chambi, que abarcaba toda la parte central o sea propiamente el mismo Azángaro. Aquí mandaba el famoso casique Choquehuanca que, fiel a su apellido. fue el primero en chocar con las huestes rebeldes de Túpac Amaru y Vilca Apaza. Al Este Yacchata en cuya comprensión está la parcialidad de Moroorcco donde nació el indomable Vilca Apaza que dio honra y gloria a esta tierra. Y finalmente Jurinsaya al Oeste. Aquí mandaban los caciques Manko Turpo y Carcahusto, de abolengo inkaico. cuyos an¬cestros, según la tradición, construyeron el templo de Azángaro y tuvieron grandes preeminencias y títulos honoríficos con¬cedidos por el Virrey por su fidelidad a lo corona de España.
Ninguno de los caciques de Azángaro tuvo el gesto viril de salir en defensa de la causa libertario que era la cau¬sa de su raza y de su tierra. Todos lo traicionaron. A la hora de la prueba estuvieron con el realismo, le prestaron todo el contingente de su fuerza económica de sus personas y lucharon por él. Este hecho histórico prueba la profunda raigambre que llegó a tener el feudalismo en esta provincia
Si Vilca Apaza hubiera contado con le adhesión de todos los caciques y su ayuda económica ocaso habría cambiado el destino histórico de la gran insurrección y tal vez se habría adelantado la fecha de la independencia del Perú en trentiocho años.
Azángaro contribuía a les milos y trabajos forzados con un número de hombres proporcional a su población. De esta contribución no volvía sino la tercera parte. El resto se quedaba dentro los socavones mineros o en los obrajes. Lo plata que salía de este rico corregimiento; como lo de todo el Virreynato, estaba acuñado con la sangre, el esfuerzo y el sacrificio de millares de parias. En cavernas interminables marchaban a la capital del Virreynato las riquezas de todo el Pe¬rú para sostener el lujo, el fausto y las orgías de la Corte.
“Desde Potosí iba o Lima el oro para los placeres del Virrey y sus áulicos. Puno, Cuzco, Junín, Huancavelica, se desangraban para que los magnates de Lima sostuvieran su fauto; las aristocracias de penúltima hora agotaban los pla¬ceres en los brazos de la morisma berrendo, carne de escla¬vitud y de espasmo.
“Hasta treinta mil habitantes llegó Limo en los días de su apogeo colonial. Treinta mil habitantes y dos mil literas nobiliarias cruzaban, sus calles, El resto del pueblo componíanse de pecheras. de frailes y de aventureros poco menos que mendigos. Todo era sensualidad, lo mismo la llegada del Vi¬rrey que la consagración del arzobispo; el logro del título universitario que la especulación del auto de fe. fiestas de to¬rería, acompañado de fuegos de artificio rodeaban el pueblo mientras la nobleza vivía en medio de sus adulterios fastuosos y de sus grandes orgías seminales. Los virreyes daban el ejemplo. Virrey hubo que fue muerto mientras saltaba las vallas del cercado ajeno. El crimen repujado de galantería, y viceversa. Poro una criolla, un Virrey hizo construir paseos maravillosos y lo Corte rodeó a la manceba con sus adulaciones y su boato. Un zambo limeño ha contado en lengua casi española, lo podredumbre de aquella época.
"Entre frailes y charlatanes partieronse el dominio de la inteligencia en la capital del Perú. Entre romeras y aristocráticas habianse ya dividido la fortuna de todo el virreynato Lima enorgullecíase entonces con más de cuatro mil cortesanos, diez mil frailes otras tantas monjas y sus dos mil carrozas heráldicas."
Estos párrafos de crítica histórica, la mas certera y cáustica que se ha escrito hasta hoy día sobre la Colonia. son del libro polémico “Lima contra Chile, Perú y Bolivia" del escritor indoamericano Federico More. Los hemos trascrito por ser la expresión más exenta y elocuente de la podredumbre de aquella época.
La roja simiente aventada por el aluvión revolucionario de 1780 sobre estas tierras germinó rápidamente. Los sones épicos del pululo revolucionario del caudillo de Tinta vinieron él despertar a las masas explotados de su letargo de siglos. Las sacudieron como si las hubiese tocado una corriente eléctrica.
Azángaro, Foco ígneo de Rebeldías
Si es verdad que en Azángaro el feudalismo y fa das las formas de la opresión arraigaron profundamente en el coloniaje y lo República, también es cierto que, por reacción natural esta tierra fue siempre un almacigo de rebeldías abonado con el rojo limo de la Libertad. En contraposición al feudalismo de les clases explotadoras. en las minas esclavizadas de este pueblo germinó siempre el ansia sublime de la Liber¬tad. Ello le honra. Lo salva del oprobio. Si es cierto que tuvo caciques liberticidas que deshonraron a su raza por la traición de sus hermanos y su cobarde sumisión a España, también es cierto que esto tierra dio caudillos dignos de la inmortalidad del bronce porque lucharon por libertar a su pueblo. Vilca Apaza es símbolo de virilidad, altivez y Patriotismo que honra o su reza. Su solo nombre es argu¬mento incontrastable contra los que creen que el indio por su cobardía nació solo para la servidumbre y de que de él no son los gestos rebeldes. Este caudillo redime a su raza y a su pueblo. Héroe y mártir, su atlética figura se yergue en la gesta revolucionaria de 1780 con perfiles de cumbre. Por eso lo exaltamos. Por eso lo exhumamos del olvido injusto en que lo tuvo le historie. Estas páginas de exaltación y de justicia son la reivindicación de un héroe indio en él que se enfrentó con el pecho desnudo al poder español. Que luchó por la libertad del Perú y legó a su pueblo un ejemplo másculo y una página de honra y de gloria.
Antes que Vilca Apaza otro caudillo de Azángaro se levantó en armas contra el yugo español. En 1744 Juan Santos Atawalpa encendió la revolución en la montaña. Aquella explosión revolucionaria duró trece años. Los guerrilleros montañeses hicieron prodigios de valor batiendo y aniquilando a los españoles con sus mismas armas, esta revolución montañesa tuvo también su repercusión en la sierra. Los indios de Azángaro fueron los primeros en secundar el movimiento encabezado por Atawalpa, el Rebelde montañés, descendiente del lnka victimado por los españoles. Entre los caudillos de Azángaro se destacó Andrés Ignacio Cacma Condori cuya actuación fue sobresaliente. Este indio rebelde consiguió que diez y siete provincias se conspiraran para el alzamiento. Su trayectoria fue breve. Terminó en el suplicio. Hecho prisionero, con ochentiuno de sus capitanes y lugartenientes, el 22 de Mayo de 1747, fue ejecutado por el General español Alfonso Santa de Ortega que ahogó en sangre aquella sublevación, Juan Santos Atawalpa y Andrés Ignacio Cacma Condori fueron los héroes de ese movimiento precursor al de Túpac Amaru. Con aquél hecho de armas el nombre de Azángaro queda inscrito en los anales de las gestas rebeldes.
El historiador Francisco A. Loayza, en su libro "Juan Santos el Invencible", dice: "Conviene hacer aquí una afirmación y es la siguiente: Los autóctonos peruanos, a los dos años de la caído del lncario de los Inkas, se sublevaron contra los conquistadores Intermitentemente, hasta el advenimiento de la República. Cuando no era la resistencia pasiva, era la lucha armada, sin tener en cuenta la superioridad y eficiencia de las armas españolas. El autóctono peruano nunca fue un cobarde, como interesadamente afirman malévolos zurcidores de la Historia. Unos años antes de la insurrección de Juan Santos Atahualpa, Andrés Condori, en Azángaro, preparaba un levantamiento general que fracasó, según lo asegura el autor de esta carta. Y así como Andrés, otros y otros surgían de tiempo en tiempo desde la caída del Imperio, los caudillos libertadores de la raza."
Debemos a este escritor el conocimiento del caudillo Andrés Cacma Condori, precursor de Vilca Apaza en la lucha por la Libertad. Francisco A. Loayza, el viejo panfletario, cuya pluma acerada fue siempre un ariete formidable esgrimido contra todas las tiranías, es también un campeón de los libertades públicas, un luchador de altos y nobles ideales humanos y un historiador de recia envergadura. El ha descubierto en el Archivo general de Indias de Sevilla treinta mil páginas de historia inédita nacional. Y este rico filón de historia le ha servido para exhumar del olvido a los caudillos indígenas que desafiaron virilmente el poderío de la tiranía española que eran escondidos por la historia. Es así como venimos a saber que hubo, un Juan Santos Atawallpa, caudillo de la Montaña, y un Cacma Condori que lucharon por libertar al Perú y fueron los precursores en las gestas libertarias. los dos últimos libres de este escritor, "Juan Santos el Invencible" y 'Cuarenta años de Cautiverio" éste último las Memorias de Juan Bautista Túpac Amaru hermano del Caudillo, son un aporte valioso él la bibliografía nacional y a la historia patria, y una labor digna de alabanza.
El espíritu de rebeldía, la altivez y virilidad del indio de Azángaro quedaron confirmados en forma inobjetable en lo famosa revolución de Túpac Amaru. Los hechos de armas de este movimiento, que tuvieron como escenario el Kollao, Alto Perú, fueron superiores a las acciones libradas en el Cuzco. Propiamente la revolución de Túpac Amaru. Los hechos de armas de este movimiento, que tuvieron su epicentro en Azángaro. Aquí se desarrolló y aquí tuvo su epílogo. De ahí por qué fue este pueblo durante tres años la capital del Imperio cuya restauración proclamó aquí Diego Cristóbal Túpac Amaru, sucesor del gran Insurrecto que hizo tambalear los Virreynatos de Lima y Buenos Aires.
Los reveses de la suerte, los fracasos sangrientos que sufrió el indio en todos los intentos de rebelión y en sus lu¬chas desiguales por la libertad, como la que sufrió en la gran revolución de Túpac Amaru podría creerse que hubieran determinado el aplanamiento de la raza y le hubieran servi¬do de escarmiento para el futuro. Nada de eso. Los fracasos no lo amilanaron. Al contrario. Cada fracaso engendró nuevas rebeldías. Estimuló mayores ímpetus libertarios, Como el ave fénix de la leyendo, el espíritu de rebeldía del indio y su tenacidad ancestral renacían de sus propias cenizas después de cada hecatombe. Vilca Apaza es un ejemplo formidable. Ese espíritu combativo esa tenacidad de montaña fueron la herencia que legó a su raza este caudillo. Remarcamos este hecho. En la sublevación de Túpac Amaru murieron cien mil indios. ¿Quedaron abatidos por esta pérdida y claudicaron de sus ideales de libertad? Nunca. El espí¬ritu de rebeldía de lo raza se fortificó más bien con esta tre¬menda lección sangrienta y renovó su promesa de seguir luchando contra sus opresores. Ya antes de ésta revolución más de seis mil indios de la provincia de Chucuito emigraron a la montaña por huir de las persecuciones. según el padre Lizárraga ¿Qué prueba esto? indudablemente rebeldía. Prefirieron el destierro a la esclavitud y la opresión.
La transición del Coloniaje a lo República no amenguó tampoco ni proscribió eso rebeldía que anima al indio desde que fue despojado por los conquistadores; desde que éstos destruyeron el Imperio inkaico reemplazando el régimen del comunismo agrario y su sencillo panteísmo ritual por los regí¬menes del latifundismo esclavizante y del despotismo católico romano en especial religioso. Esto he sido fácil constatarlo a través de los múltiples intentos de rebelión y las expresiones del indio durante la República. Como ésta no alteró la base andina de la economía que sigue siendo agraria como no proscribió el latifundismo. el indio ha seguido manteniendo siempre latente su rebeldía y pugnacidad por la conquista de sus libertades. La obro del gamonalismo en la sierra ha esti¬mulado más bien ese sentimiento de rebeldía con las corrientes represiones con que ahogó las explosiones de la raza au¬tóctona cansada de sufrir. Los levantamientos subversivos de llave y Pomata en Chucuito; de San José, Samán Caminaca y Llallahua, en Azángaro; los de Huancho y Chuchito, en Huancané, que pudieron servir de escarmiento y de amarga experiencia, no tuvieron el resultado que se esperaba. El espí¬ritu pugnaz de rebeldía indígena solo ha sido comprimida por obra de la violencia. No ha desaparecido. Mantiene latente la dinamita de sus ansias de libertad.
En lo sierra del Perú desgraciadamente subsisten todavía. Intactas muchas formas y costumbres de la Colonia con su arcaísmo decadente y su conservadorismo retrógrado. El casique colonial solo ha cambiado de etiqueta y de indumen¬taria. Subsiste en el señor feudal de hoy que es el gamonal. El colono es el mismo de antaño. No ha cambiado nada. El mitayo está disfrazado en el pongo, acaso el símbolo más dolorosa de la servidumbre colonial. El sentimiento feudal e indígena está latente todavía en el aspecto religioso. El cura es el símbolo más elocuente del feudalismo de ayer. Sigue explo¬tando a sus rebaños con la tiranía de sus tarifas en su gran tienda que es la iglesia. Aquí los precios están en escala progresiva. El feligrés está sujeto a ellos y tiene que pagar desde su ingreso a la existencia hasta su viaje definitivo al otro mundo. El que mejor paga está más cerca del cielo. Le encomienda espiritual del pastor de almas es todavía el legado más rico de aquella época de oscurantismo y opresión. El feudo de antaño está acrecentado en los grandes latifundios de hoy qué hasta hace poco, fueron creciendo a costo del ayllu, esa fuerza germinal de los pueblos del inkario. El latifundio indudablemente es la mejor herencia de lo corona. Esta herencia es lo génesis del problema primario y vital del Perú: el problema de le tierra. Mientras subsiste no desaparecerá ese espíritu pugnaz de rebeldía del indio que mantiene latente sus reivindicaciones y ansias de liberación.
Un caso original que vale la pena historiar confirma esta tesis, o sea que el feudalismo y la opresión engendraron siempre rebeldía. Hace dos décadas, la herencia de rebeldía que legó Vilca Apaza en su suelo nativo, dio en Azángaro un fruto imprevisto y extraño que se presta a la observación y al estudio. Es el caso de Ezequiel Urviola Vamos a discriminarlo. Urviola fue compañero nuestro de aula en la escuela primero y en el colegio después, allá por 1907. En el aula Urviola fue un temperamento tranquilo y eutrapélico, Un muchacho aplicado y machacón. No llamábamos Copérnico. Nada hacia sospechar que en él germinaba un socialista peligroso ni lo que después llegó a ser. No sabemos cómo, si por inspiraciones de la herencia del atavismo; si por la inocencia telú¬rica o el ancestralismo inevitable. Urviola transformóse en un tipo de alucinado y visionario estilo bolchevique de novela rusa. De aquí pasó él la acción y de ésta a la beligerancia. Volvióse socialista acérrimo. soñaba con la redención del indio, con la vuelta del imperio, con el Tahuantinsuyo. Después de terminar su instrucción medía, ingresó a lo universidad. No pudo terminar. Los estudios superiores requerían mayor sacrificio económico. No podía afrontarlo. Su pobreza y acaso los ideales rebeldes y anarquistas lo empujaron a la acción. Abandonó el aula. Desde ese momento su vida no fue sino una odisea dolorosa que solo terminó con la muerte. Combatió sin descanso. No tuvo tregua. En los agros, parcialidades y haciendas iba sembrando la roja simiente de sus ideas no solo socialistas sino anarcosocialistas. Predicando la rebelión a las masas. Hízose mensajero de los ayllus y marchó a Lima en 1923. En aquel año el problema del indio hacía crisis y en las masas indígenas de todo el departamento terminaba una sorda conspiración. Hubieron varias masacres. toda la sierra era un volcán que amenazaba explosionar de un momento a otro. Urviola era el agitador, el altoparlante de las ideas revolucionarias Su actividad era incansable, Lo transformó. Cambió su indumentaria de misti por el traje humilde del indio. los zapatos por las hojotas. el sombrero de paño por el chullo y el sombrero ovejón. No le faltaba ni lo pelota de coca en los carrillos. Su metamorfosis fue total. Es con este aspecto como un día presentóse en el Palacio de Gobierno con otros mensajeros del departamento de Puno. Cuentan que para impresionar al Presidente Leguia, que habíales concedido audiencia a los delegados indígenas. Urviola entró a Palacio con su facha teatral de indígena del Cuzco haciendo genuflexiones exageradas, poniéndose de hinojos de trecho en trecho, hasta llegar delante del mandatario y besarle las manos humildemente. Sorprendido éste interrogóle que para qué hacía todo eso. Urviola le contestó tranquilamente que así era la costumbre en la sierra y que así les obligaban él hacer los tiránicos gamonales, fue un golpe de gran efecto que seguramente impresionó a este gobernante que llegó él prestar tanto apoyo a la causa del indio. En aquel año el Comité Pro derechos Indígena Tahuantinsuyo, qué llegó a funcionar cono una institución oficial tuvo en Urviola su más fanático propagandista y su más eficaz colaborador. Urviola encabezaba memoriales. Redactaba volantes incendiarios. Encabezaba comisiones de delegados indios en sus quejas. Era en suma el alma del movimiento reivindicacionísta indígena. «Las cadenas de la esclavitud, que para siempre debían haberse roto a los pies de Patria. en las pampas de Junín y Ayacucho, han sido sacrificios inútiles y un mito. Hoy la gran medida de nuestra paciencia se ha llenado; nos encontramos desesperados y en vano en esta vez podrían defraudar nuestras supremas esperanzas de Justicia. Paz y Libertad," decía en un volante explosivo dirigido a los aborígenes de la Nación. Firmaban los delegados de todas las provincias ó nom¬bre de sus hermanos de toda la República. Unido encabezaba las firmas. Era el líder del movimiento. Así trabajó más de una década hasta caer al ser, abatido por la lucha y devorado por el mal que estaba minando su organismo.
Evoquémoslo. Su Figura estrafalaria suscitaba curiosidad. Tenia perfiles de un afiche extraño y grotesco. Jorobado, Miope. Contrahecho. Su deformidad física. su andar, sus ademanes. dabanle credo prestancia que atraía las masas como un imán. Revivía en él aquel Cuasimodo que inmortalizara la novela de Dumas, Hermético. astuto. Tenía de la piedra y del zorro, pero en el fondo ero un espíritu zahorí de agudas aristas. Tenacidad y rebeldías paralelas. Socarrón, irónico. Tenía esa ironía amarga y punzante, del indio, ironía que corta y flagela como el viento helado de sus cordilleras. Es evidente que su defecto físico restóle fuerza y bríos. La columna vertebral tronchada, sino lo imposibilitó para una acción eficaz, quitóle en cambio ímpetu combativo. Pero le dió personalidad. Le sirvió para impresionar. Los indios lo mi¬raban con supersticioso respeto. Le obedecían ciegamente. Cuando iba con dios en demanda de justicia y los encabezaba en su odisea, Urviola, más que un dirigente, parecía la mascota de los grupos autóctonos. Era el illa. Desde la infancia se manifestó su rebeldía. Cuentan que ella debióle la rotura del espinazo a causa de una caída de cabello en Muñani, su pueblo natal. En su convivencia con el indio llegó a dominar a maravilla el arte sutil de la simulación la duplicidad y el disimulo. Sabía agacharse cuando llegaba el caso; pero también sabía erguirse como un amauta cuando actuaba en su medio, entre las masas.
Enemigo acérrimo del gamonalismo combatiólo con todas sus armas y en todos los terrenos. Hubieron motivos. Urviola experimentó en carne propia las laceraciones del gamonalismo omnipotente y las injusticias de los detentadores de tierras. Esto lo sublevó. No quiso recurrir a la justicia. De aquí arranco su campaña tenaz en favor del indio y por esto abrazó con ciega fe el apostolado de los redentores y entró decidido a engrosar las masas de los parias con el santo odio a los tiránicos opresores de la raza. Antes de partir de Azángaro a cumplir su misión, una noche hizo su profesión de fé. Tomó posesión del pueblo de Vilca Apaza entrando o media noche a la pila de agua y allí juró seguir las huellas del Gran Rebelde hasta conseguir su objetivo. Lo cumplió fielmente. Desde aquel momento su vida no fue sino una peregrinación constante, una batalla que termina una odisea breve. Tan breve que no le dio tiempo para culminar su obro. La actividad febril, el fuego de los ideales rebeldes y los bacilos de Koch, lo consumieron rápidamente. Murió en plena beligerancia. Murió casi indigente, en un hospital de Lima.
Para José Carlos Mariátegui, Urviola personificó el tipo revolucionario del indio peruano. Ia chispa de un incendio por venir.» El tipo del «nuevo indio». En el prólogo del libro “Tempestad en los Andes” de Luís E Valcárcel, el gran escri¬tor polémico hizo este recuerdo del agitador azangarino, que en sus andanzas llegó hasta la mesa de trabajo del insigne escritor y creador del socialismo en el Perú, Dice Mariátegui: «El nuevo indio no es un ser mítico. abstracto, al cual preste existencia solo la fé del profeta. Lo sentimos viviente, real activo. en las estancias finales de esta película serrana a que el como el propio autor defina a su libro. Lo que distingue al «nuevo indio" no es la instrucción sino el espíritu. El "nuevo indio" espero. Tiene una meta. He ahí su secreto y su fuerza. Todo lo demás existe en él por añadidura. Así lo he conocido yo también en más de un mensajero de la raza venida o Lima. Recuerdo el imprevisto e impresionante tipo de agitador que encontré hace cuatro años en el indio puneño Ezequiel Urviola. Este encuentro fue lo más fuerte sorpresa que me reservó el Perú a mi regreso de Europa. Urviola representaba lo primera chispa de un incendio por venir. Era el indio revolucionario. el indio socialista Tuberculoso. jorobado. sucumbió al cabo de dos años de trabajo infatigable. Hoy no importa ya que Urviola no exista. Basta que haya existido. Como dice Valcarcel hoy la sierra está preñada de espartacos.
Propiamente Urviola no fue indio puro. Tenía mezcla de sangre hispana. Los Urviola de Azángaro y Muñani de donde era natural nuestro biografiado descendieron de españoles. El Capitán de fragata español Don Miguel de Urviola fue el antecesor de éstos. Ezequiel Urviola se hizo indio como ya dijimos, empujado por un sino inexorable. Obedeció el man¬dato otávico de lo sangre indígena de sus ancestros por la línea materna. Abrazó la causa del indio tan ahincadamente que rayó en el fanatismo. Por eso luchó hasta matarse. Constituyó el tipo del indio beligerante, del indio evolucionado con "una filiación y una fé” Así lo ubicó el gran polemista por que descubrió en él un tipo de indio nuevo, consciente de su destino. Si Urviola no muere tal vez habría sido otro Juan Bustamante y como éste habría terminado en el Tabor de los redentores. Habría llegado lejos en ese rojo camino de su socialismo exaltado. Pero sembró. Cumplió su misión histórica. Fue fiel al mandato telúrico y a la herencia del Gran insurrecto.
EL PUMA INDOMABLE
A veinte kilómetros de Azángaro y al noroeste esta la parcialidad de Moroorcco sobre lo columna vertebral de los Andes que atraviesa la región del Norte al Sur, se alza como atalaya granítico, un cerro alto erizado de picachos. Es el Moroorcco, eEn el horizonte se destaca desde lejos sobre Ias cumbres como un vigía gigantesco que otease sobre un ocea¬no de montañas. En aquellos riscos bravíos donde braman las tempestades crepita el rayo y rugen los huracanes; en aquellas punas intérminas estadios de la vícuña y el suri y altos aeródromos del viento donde cóndores imperiales tra¬zan las Parábolas de su vuelo impertérrito; en esos pajonales rumorosos y pañolerías de basalto donde ruge el puma y silban las vizcachas; ahí, en ese escenario cósmico donde ger¬mina la fuerza y el alma exulta frente a esa naturaleza sonora y poderosa de los Andes, vio la primera luz Pedro Vilma Apaza. Nació predestinado, Nació con el don del mando y la facultad organizadora de los Caudillos. Entre los brazos ciclópeos y los bíceps de piedra de sus montañas nativas se deslizo su infancia arisca. Indómito y gerrero creció en ese magnifico escenario en medio de una salvaje libertad. Creció Iibre, voluntarioso y bohemio como el viento de sus punas; inhiesto y tenaz como sus picachos. En el trapecio formirabIe de las cumbres se forjó su espíritu rebelde con todas las tenacidades discretas de la raza, La piedra le dio su dureza, la montaña su tenacidad granítica y los mallcus que miran al sin pestañear, su altivez y su soberbia. Estrenó sus músculos de bronce en ese gimnasio formidable de la fortaleza andina donde el indio adquiere esa contextura de gra¬nito que le permite desarrollar records que solo podrían batir paradójicos espormanes autóctonos. Ya hecho hombre bajó de sus roquedos bruñidos de sol y de intemperie, bruñida de tempestades y relámpagos, agresiva y rampante como un puma, en su salvaje fiereza. Bajó en una hora grave en que las voces roncas de los pututos guerreros atronaban el cielo llamando a los indios al combate y que los auquis líderes me¬ditaban graves y solemnes porque se jugaba la libertad de su tierra. El hijo del Moroorcco escuchó el llamado telúrico oyó la voz ancestral del lar nativo y obedeció. Silencioso y resuelto eligió su camino, el único que su honor y el de su tierra le señalaban el áspero camino de la rebelión. Estaba inves¬tido de la virtud enérgico del Apu para dirigir la santa cruzada libertaria. Y él dijimos que estaba predestinado para dirigir aquella gesta rebelde como lo fue Manco Kapaj para fundar el gran Tahuantisuyo.
Este fue el caudillo Vilca Apaza. Se le conocía también por Willaca Apaza. Hasta el nombre explica su beligerancia. Descendía de los Willca cuyos ancestros fueron probablemente los primeros habitantes de aquel ayllu. Por la línea materna tenía sangre y espíritu aymaras. Magnífica herencia. Por esta línea su estirpe se remontaba hasta los inkas collaguas de le rebelde Chucuito.
Vilca Apaza fulgió a la vida seguramente en uno de las peñolerías que coronan un cerro cativo. Era hombre-puma. Su nombre es de por sí una profesión de fé. Lo dice su sim¬bolismo guerrero. Parece que pertenecía a una estirpe noble de indios rebeldes, de abolengo incaico, que nunca se inclinaron ante los tiránicos amos españoles. Mantuvieron tenaz¬mente su verticalidad. Vivieron en constante son de protesta, naturalmente fueron los mejores puntales y los más porfiados agitadores de la sublevación de 1780.
El nombre Vilca Apaza es sinónimo de caudillo y rebelde. Veamos su etimologío. Vilca Apaza es el nombre españolizado de Willaca o wilIca apuasa. Wilca está formado de las raices aymaras wila y laca. Willa es sangre y laca boca. Significaría, pues, boca sangrienta o fauces con sangre. Algo de fiera. De animal de presa. Apaza está formada por los vocablos apu y wasa. Apu es jefe, cabeza de ayllu o Cau¬dillo; wúasa es detrás o espalda. Apaza significaría pues, el que tiene presencia o estatura de caudillo. Señala este nom¬bre seguramente una posición social o una prestancia gue¬rrera.
Subrayamos este hecho; el más destacado caudillo alto peruano de la revolución fué Julian Apaza, más conocido por su nombre de batalla Tupac Catari. Su actuación, sus hechos de armas, como el memorable sitio de La Paz el 13 de Mar¬zo de 1781, tal vez opacan a las acciones guerreras de nuestro biografiado. Julían Apaza actuó en Alto Perú paralelamente Vilca Apaza en Azángaro. Corrió la misma suerte. Sufrió la misma clase de ejecución; el tormento del potro. Su biografía es breve pero fulgurante En su mocedad fue peón en un in¬genio de minas; pero más antes había pasado hasta por Sacris¬fán. Este caudillo fué el genio de la violencia. Apasionado, vehemente, tenaz, fue el más feroz de los caudillos altoperuanos. Su rebeldía y su audacia eran extraordinarias. Quedaron demostradas en el sitio de Sorata en que para tomar la plaza provocó una terrible inundación donde perecieron muchos de los, sitiados. Su egolatría era paralela a su audacia. En sus campañas llevaba consigo un serrallo de mujeres y se haCÍa rendir homenajes casi divinos, fiel a su nombre de batalla, pues Catari significa reptil venenoso, su ferocidad de tigre quedó gráficamente demostrada en sus hazañas sangrientas que confirmaron su fama de guerrero terrible. La campaña del Alto Perú, acaso la más sangrienta y espectacular, está llena de episodios donde la figura de este caudillo rebelde se destaca por sus hazañas que se caracterizaron por una vio¬lencia llevada al extremo. Lo secundaron sus hermanos Dá¬maso y Tomás Catari que siguieron el ejemplo del famoso caudillo. Los Apaza fueron, pues, rebeldes auténticos, guerreros de raza. Hombres de piedra que pusieron los primeros cimientos de le Libertad en América. Héroes en suma.
De los breñales de Moroorcco bajó este Puma Indoma¬ble allá por los años 1750 cuando ya la roja semilla de la rebelión aventada por Tupac Amaru estaba germinando. Vilca Apaza traía por todo blasón nobiliario su coraje indo¬mable, su fenocidad y arrojo salvajes. Por lema la liberación de su raza; por misión eI exterminio del explotador español o mestizo, era en suma el pionero de un anhelo ancestral, la reivindicación de la tierra a sus legítimos dueños. Venía, pues, a cumplir un mandato telúrico.
Paralelo a Túpac Amaru en la gloria y en la obra, émulo de Tupac Catari en la tenacidad y el valor. Vilca Apaza fué el brazo ciclópeo de aquél Indio Sublime que fué José Grabriel Condorcanqui. Verdadero precursor de la Emancipación Americana que tuvo el sueño grandioso de libertar al Perú, figura señera y desconocida de la gesta épica de 1780. Vilca Apaza más que un representativo de su raza es un instrumento de castigo que surge de pronto en el escenario de la lucha como lanzado por un fenómeno telúrico. Encarna un momento histórico. Simbolizó la protesta de un pueblo esclavizado. Es el látigo implacable y vengador que cae sobre las espaldas de los tiránicos amos hasta humillarlos. Es un producto racial desconcertante. Personificación de las virtudes legendarias del kolla es la voluntad explosivo del in¬dio cansado de sufrir. Es la rebeldía hecho hombre. Su vida es una ráfaga. Un huracán demoledor. Pasó como un ciclón por poblados, minas y haciendas dejando un tendal de chapetones y traidores o la causa libertaria, su paso vandálico es fecundo en resultados. Siembra vientos.
Cosecha tempestades. Recoge botines fantásticos Dirige y organiza sus huestes como un hábil estratega. Las masas lo miran con respeto casi religioso, En su espíritu roqueño es¬tán reproducidos todos los accidentes topográficos de su sue¬lo. Ásperas cumbres y abismos. Pampas intérminas, punas hoscas y yermos, Nieves perpetuas, Todo esta plasma su personalidad vigorosa. Por eso su estatuto histórico se yergue con estupendas perfiles emulando los altos picos del Ande. Lo nimba la aureola del héroe y del mártir. De guerrero y del conductor de pueblos. Vilca Apaza fue en suma el "aswan¬kari" de su pueblo. Podría talvez dar la clave de la etimología de Azángaro que algunos creen viene de aquellos vocablos; "aswan" y "kari" que quiere decir el pueblo del más hombre. El pueblo viril.
En la hecatombe de 1783 la figura de éste Indio inmenso se levanta aureolada por su heroísmo y su martirio. Surge bruñida por el brillo épico de sus hazañas guerreras que llegan hasta lo inverosímil. En sus correrías de gato montes Vilca Apaza llega hasta los lindes de la leyenda. Su coraje in¬domable, su tenacidad de montaña, la tremenda lección viril que da al odiado explotador español y a los casiques traidores a su raza, lo acercan a la novela. Es casi un personaje de leyenda. No en vano, según ella, Azángaro se asienta sobre galerías subterráneas donde duerme un tesoro fabuloso que forjó la tenacidad de este guerrero indio que durante tres años mantiene su fiera beligerancia y erige SU pueblo en la capital de aquel extinto Tahuantinsuyo que el gran Tupac Amaru tuvo el sueño de restaurar.
¡El Puma Indomable! Si miramos la trayectoria de Vilca Apaza sus hechos de armas, su inmolación heroica, veremos que no le queda holgado este nombre de batalla con que lo designamos. Vamos a justificarlo. Los rasgos de la personalidad de este jefe indio tan audaz y valiente son los del hombre de huera. Del guerrero instintivo, su espíritu combativo le viene de raza. Su rebeldía su tenacidad roque¬ra, son herencia de la Sangre aymara de sus ancestros. Tiene del puma el fiero instinto salvaje para acogotar la presa. Lo zarpa rampante. La astucia felino. Del Kuntur mallcu, rey de las cumbres, tiene el ímpetu oscencional, la visión poderosa. Veámoslo en 1780. Esta en la plenitud de la vida.
Cuaren¬taicinco años explosivos. Talla gigantesca. Cuerpo macizo, bien conformado. Parece armado en piedra. Músculos ágiles y elás¬ticos, Ojos de puma, Mirada zahorí, penetrante, Arde en las pupilas un fulgor extraño, Habilidad y rebeldía innatas, Te¬nacidad de roce, Rápido y expeditivo como un corregidor de su época, Estratégico como un desfiladero, El continente enér¬gico, el ademán resuelto imponen respeto, La suma de estas cualidades dan al acero de su voluntad un temple extraordi¬nario. Tal el Hombre.
En sus años mozos estudia en el Cuzco. Asimila ávida¬mente conocimientos. Tiene inteligencia natural que le permite ver más allá del horizonte nativo. Desde su infancia habiasele grabado en el espíritu el espectáculo doloroso de su raza martirizada, embrutecida hasta el nivel de la bestia, Espectáculo conmovedor, Realidad sangrante. El calvario de su raza surge él la luz siniestra de tres años de opresión incruen¬ta, contemplándolo en todo su horror Vilca Apaza siente surgir de su fondo anímico un ansia infinita de venganza, un anhelo incontenible de lanzarse ciego él romper las cadenas seculares de aquella esclavitud, pero antes hace una profesión de fé. Medita profundamente. Ante las ruinas ciclopeas del Sajsaywamán imperial, donde parecen vagar las sombras heroicas de los Emperadores legendarios, formuló un jura¬mento solemne: liberar a su pueblo del yugo español. Silen¬ciosa, solemne, rotunda es aquella promesa hecho ante los manes tutelares de los lnkas. Con ese íntimo e imperioso manda o de su espíritu como escudo, con ese solemne jura¬mento como acicate sale del Cuzco, lleva empuñada la sim¬bólica tea de la rebelión. En su frente luce la estrella de los conductores de pueblos. El Puma indomable que hay en élafila la zarpa poderosa.
Por aquellos años en que se gesta la sublevación co¬noció en el Cuzco al Gran Insurrescto. Comprendiéronse rápidamente. lmanes magnéticos atrajeronlos mutuamente, Espíritus afines ambos erán pioneros del gran sismo social en gestación, Desde aquel momento un común destino unidos en la magna obra redentora. Túpac Amaru, que era un electroi¬mán en eso de atraer masas y un artífice en el arte de co¬nocer a los hombres, descubrió que en el caudillo azangarino había madero de guerreros. Pero de los mejores. Con esa in¬tuición penetrante, con esa visión telescópica de los conduc¬tores de pueblos, lo designó colaborador y jefe en la obra común y colocó sobre los recios hombros del rebelde la misión de levantar el Kollao donde ya germinaba la roja si¬miente la insurección.
¡En qué magnífica forma habría de cumplirla Vilca Apaza!
EL CHOQUE
El cacique histórico de Azángaro, el de mayor posición social económica era don Diego Choquehuanca. Realista acérrimo, ostentaba el título de “Capitán de las Milicias del Perú, Cacique bien y distinguido”, título que podía transmitir a sus descendientes. Una prueba de la feudalidad de aquella época. En aquel año de 1780 Don Diego era Coronel del Regimiento de naturales de Azángaro y su hijo don José Choquehuanca ejercía el cargo de Justicia Mayor. El 26 de Noviembre de este año, cuando ya todo el corregimiento se había levantado en armas, marchó con su regimiento a Ayaviri y de aquí pasó a Lampa donde debía celebrarse una Junta de guerra. Acompañaba a su tropa como capellán el presbítero don Gregorio Choquehuanca hijo del Coronel, realista fanático, antes de aquella marcha don Gregorio había hecho un valioso donativo el ejército realista consistente en cuatrocientos carneros y cien castellanos de orto, una fortuna en aquel tiempo. Dirigió personalmente la construcción de atrincheramientos que se hicieron en Ayaviri para contener a los rebeldes; ayudó a conseguir que la gente de Lampa y Carabaya para engrosar el ejercito realista y fue en suma un auxiliar poderoso de la causa realista poniendo su influencia y prepotencia social económica al servicio de ella.
Como se ve, Azángaro era bastión formidable de resistencia no precisamente por sus efectivos ni por sus defensas, sino porque os caciques más ricos eran fanáticos realistas y prestaban con sus bienes, su prestigio y sus personas poderosas ayuda a la causa del Rey, puestos contra sus hermanos de raza todos los caciques de este pueblo eran considerados por la masa indígena como traidores a su propia causa. Naturalmente eran odiados. La fidelidad de Choquehanca al Rey resultaba, pues, una ironía sangriento una verdadera traición a la santa causa libertaria, a la causa de su estirpe y de su suelo. Este hecho histórico tiene su paralelo en Pumakawa aunque éste a la postre volvió por sus fueros peleando por la libertad de su pueblo. En la famosa retirada de Tupac Ama¬ru hacia el Kollao en diciembre de 1870 cuyo error tal vez fue la causa de su derrota por el ejército realista, la traición de Choquehuanca fue ejemplarmente castigado por el Gran Insurrecto quien hizo arrasar la casa de este Casique y de los contrarios a la causa del indio. Azángaro fué vísitado por Tupac Amaru el 13 de Diciembre de aquel año, El caudillo “montaba un brioso caballo con rica montura bordada, armado de pistolas y espada. Vestía traje de terciopelo azul rica¬mente bordado de oro y llevaba sombrero de tres picos, se cubría con un unkju o manto en forma de sobrepelliz, sujeto al cuello por una cadena de oro de la que pendía una gran imagen del Sol hecha en oro”. Desde aquí volvió al Cuzco al tener noticia de los preparativos bélicos para sofocar la insurrección.
Sobre el gran Kollasuyo, donde ya la rebelión ardía. un ejército de veinte mil indios SI" puso en marcho rumbo 01 Sur. Comandábalo Diego Tupac Amaru, hermano del caudillo y Pedro Vilca Apaza. En el trayecto este ejército fue creciendo como un alud de nieve. Propiamente no podía llamársele ejército, Todo lo contrarío, Era una avalancha humana in¬contenible. Algo así como una fuerza telúrica que llevara en su seno la potencia de un explosivo y la fuerza avasalladora de un torrente. Pero este Amazonas desbordado que iba anegando todo a su paso carecía de los elementos básicos que construyen un ejército. Carecía de armas y de organi¬zación; no tenía disciplina ni dirección técnica. De lo contra¬rio la sublevación habría triunfado en el Perú.
Sobre aquella úlcera feudal teñida de rojo realismo que era Azángaro cayeron como un alud Ias huestes rebeldes de Vílca Apaza. El choque fue bruto! Todo el corregimiento tembló como sacudido por un sismo. Hubo un desbande de Casiques y chapetones. Un sálvese quien pueda frenético. Los que vieron venir la tempestad de lejos huyeron antes que llegara. La ira de los atacantes crepitó explosionando sobre los bienes y latifundios de los casiques ya que no pudo co¬gerlos a ellos "La familia Choquehuanca que era la más rica del corregimiento fue el bloqueo propicio de aquel odio racial desencadenado. Once haciendas del cacique fueron arrasadas por todos los habitantes. Un cuantioso botín cayó en poder de los rebeldes, Ganados, muebles, plata, oro alhajas, deslumbraron a a las huestes sedientas de sangre y venganza.
El escritor Modesto Basadre qué fue Subprefecto de Azángaro en 1852 recogió importantes documentos del vecino de este pueblo don Juan Ignacio Evia sobre la sublevación de Vilca Apaza. Por su valor documental, su veracidad y el he¬cho de que el autor vivió en Azángaro, la descripción que hace de aquellos hechos históricos, aunque incompleta, ligera e inconexa, dan a ese trabajó un valor incontrastable por lo que creemos necesario su trascripción. Dice Basadre: "El Casi¬que Choqueguanca de Azángaro. además de su ardiente amor al Rey de España. tenía motivos especiales de odio contra los Túpac Amaru. Los Choqueguanca eran los Capuletos y los Túpac Amaru los Montesco de esas apartadas regiones. En 1850 era vecino de Azángaro el respetable anciano don Juan Ignacio Evia nacido en Arequipa, pero vecino de Azángaro desde 1875 don de vivió al lado de su tío el cura Escobedo. Del Sr. Evia he recibido muchos de los datos que he publi¬cado y publicaré en estos apuntes Choqueguanca no podía confundirse con la preponderancia que sobre sus blasones pretendía obtener la familia Tupac Amaru y al saber la jura a favor de Gabriel Tupác Amaru o se eI Emperador José I armo a su gente se puso en relación con los chapetones de Asillo Putina, Huancané y Moho y trató de resistir a las fuerzas sublevadas. Vanos fueron los esfuerzos de Choque¬guanca, Vilca Apaza arrolló toda oposición; los de¬moledor huyeron a Arequipa las haciendas de Puscallani y Picotani de Choqueguanca fueron saqueadas y confiscadas. Las huestes amotinadas de Vilca Apaza quemaron los obrajes de Muñani, saquearon los minerales de Arapa y Betanzos, talan Huancané, Vilquechuco y Moho, degollaron a los propietarios de los lavaderos de oro de Poto y como un torrente devastador se arrojaron sobre los pueblos de Apolobamba, Larecaja y Omasuyos. Los inmensos lavaderos de oro de Tipuani, provincia de Larecaja (Bolivia), los riquísimos veneros y placeres e Aporoma, Caballo Muerto etc. De Carabaya fueron invadidos; degollados los propietarios españoles o hijos de estos, saqueadas todas las propiedades, quemados todos los edificios y derrumbados los caminos”.
La patenticidad de esta descripción da una idea de la magnitud de aquel ciclón devastador que actuó sobre Azángaro el centro vital del realismo. Sus resultados catastróficos se tradujeron en un riquísimo y cuantioso botín cuyo monto no se ha podido valorizar. De ella arranca aquella leyenda que ubica a Azangaro como el sitio donde permanece oculto bajo la tierra un milunianochesco tesoro.
La ola de la insurgencia arrasó todo el Kollao. Túpac Catari puso sitio a La Paz. Sorata, que estaba habitada por familias ricas de españoles, fue totalmente destruida. Aquí hasta las mujeres pagaron su tributo a las iras rebeldes. Los horrores de la invasión tiñeron de rojo campos y pueblos poniendo sobre ellos su nota escalofriante y espectacular.
Sobre otro cacique de Azángaro don Tomás Mango Turpo, Inka, noble de la parcialidad de Jurinsaya, cayó también la furia devastadora. El caique ostentaba en su casa de Azángaro, blasón que lo acreditaba como un fiel y leal Vasallo del monarca Católico. El blasón fue acicate, atrajo como un imán la furia de los rebeldes. La casa fue incendiada y saqueada. Sus haciendas taladas y saqueadas sus ganados y enseres. Pero con su familia se ensañó el odio y la venganza en forma sangrienta. Un domingo de Cuasimodo la mujer del cacique Doña Rosa Velazco y sus hijas Doña Juan Agueda y doña Juan Mango fueron ejecutadas en forma salvaje dentro de la misma iglesia después de una misa. Sus cadáveres, después de ser degollados, fueron exhibidos des¬nudos en la plaza, en el rollo o sea la picota de los ajusticiados dando un espectáculo macabro, era un escarmiento a los traidores. Al ver que se acercaba la tempestad el cacique Mango Turpo huyó al Alto Perú. Su familia y bienes pagaron muy caro su fidelidad y vasallaje a la causa realista. Desde muchos años atrás Mango Turpo ejercía el cargo de Ayudante
Mayor de las Milicias de esta provincia. Al empezar la sublevación fue designado nuevamente con el mismo cargo por el Corregidor de Azángaro don Lorenzo Satta y Zubiría
En un documento antiguo fechado en Lampa el 15 de Sefiembre de 1782 que hemos visto original, este cacique solicita se le reciba una información jurídica sobre los sucesos de la revolución y manifiesta lo siguiente:
Este documento original existe en poder de sus descendientes.
"2 Item. Juren y declaren si apenas estuvieron transitables los cominos pasamos inmediatamente a incorporarme con mi sobrino al ejército que a la sazón se hallaba en la villa de Puno mandada por su Corregidor Don Joaquín de Orellana con cuya tropas nos hallamos; yo sin embargo de mi avan¬zada edad, en las dos más expuestas campañas que en aquel entonces se ofrecieron, hasta que precisado de los necesida¬des de aquel Campo tUVo por conveniente nuestro Sr Corre¬gidor concederme una verbal licencia para mi retiro a lo ciu¬dad de Arequipe atendiendo a los continuos trabajos de mi familia y miserable estado en que quedara si por desgracia acertaba a aparecer en alguna de sus salidas.
3. Item. Juren y declaren si es cierto que el rebelde Tupac Amaru tuvO siempre su mayor tedio y encono contra toda mi distinguida familia, y que si en justificación de esto se halló en auto en poder de los rebeldes indios en el asalto dado por nuestro Señor Corregidor en el lugsr de la Pescadería del pueblo de Samán cuyo contenido se dírigio solo a mandar expresamente a todos los Infieles que con el mayor esfuerzo se procurase la aprehensión o muerte de toda mi familia pasando inmediatamente al embargo y secuestro de sus bienes o cuyas perjudiciales diligencias y perniciosos deseos le movió al rebelde la experiencia de la acreditada fidelidad, amor y celo que siempre había observado profeso y profesó todo mi linaje a nuestro Católico Monarca como heredado distintivo de su condición y estado, como el ser que mi hijo se halla de actual Alférez en esta Provincia."
"6 lten. Si es cierto que de innumerable tiempo gozaba mi casa y familia de la recomendable distinción de Cadena Real y Escudo de Armas en la puerta como distintivo de fieles y leales vasallos concedidos por nuestros Católicos Mo¬narcas y que así mismo no bastó esta preferencia para con¬tener el furor de los rebeldes sino que antes bien atropellando todas estas inmundicias la rompieron e hicieron victima de sus iras este distinguido blazón y demás bienes de nuestras casas"
Entre los documentos a que hacemos referencia hay una carta interesante del famoso Visitador don José Antonio de Areche dirigido el Casique don Tomás Mango Turpo, la Carta se conserva original. La trascribimos textualmente.
«Carta del señor Visitador General de todo el Reyno de Indias Joseph Antonio Areche desde Lima. La carta que Uds me escriben a nombre de los Españoles de lo provincia de Azángaro que se hallan acuartelados en ese ciudad y destacamentos inmediatos representando las fatales resultas que temen si Se condesciende con las aleves ideas propuestas por el iniquo rebelde Diego Condorcanqui o Tupac Amaro sobre impedir que los actuales corregidores de Azángaro, Lampa, Carabaya sigan en el excercicio de unos empleos. Me Ilenó de compasión y ternura pues confieso que por lo lealtad y amar con que Uds. han sostenido lo justo con él se han he¬cho dignos de lograr muy diversa suerte de la que tristemente han sufrido: Y por que él cerco del regreso de dichos Corre¬gidores a sus Provincias no puedo dar dictamen pues pende lo determinación del Ntro del Exmo, Señor Virrey conclui con asegurar a Ud,. que no teman que sus purificadas provi¬dencias les traigan JS reales que recelo en sino cuantos alivios y consuelos sean posibles y Yo lo deseo. A los Que. a Uds. M. A. Joseph Antonio de Areche. Lima i 5 de Enero de 1782. Sr. Don Thomas Mango T urpo y Don. Pedro Mango. Cuzco"-